Cuando la memoria de un pueblo merece ser escuchada
Hay historias que no pertenecen a una persona ni a una institución. Son historias que pertenecen a todo un pueblo.
El pasado lunes 22 de junio, los habitantes de Ituzaingó tuvieron la oportunidad de escuchar una de esas historias de la mano del Dr. César Iván Bondar, doctor en Antropología Social, investigador del CONICET, docente universitario y uno de los principales estudiosos de las tradiciones populares del Nordeste argentino.
La charla se desarrolló en el Multiespacio San Juan Bautista y abordó el origen de las prácticas vinculadas a la festividad de San Juan, una de las celebraciones más importantes y representativas de la identidad cultural ituzaingueña.
Sin embargo, lo que debía convertirse en un encuentro íntimo con la memoria colectiva terminó viéndose opacado por una organización que evidenció improvisación y falta de planificación para un evento de semejante relevancia cultural.

Una conferencia de enorme valor histórico y cultural
Durante más de una hora, Bondar explicó cómo muchas de las prácticas que hoy se realizan durante la festividad de San Juan no son exclusivas de Ituzaingó, sino que forman parte de antiguas tradiciones que atravesaron continentes, culturas y siglos de historia.
Lejos de tratarse de simples costumbres populares, estas manifestaciones representan la fusión entre creencias ancestrales, rituales paganos, prácticas religiosas cristianas y expresiones culturales que fueron adaptándose a lo largo del tiempo.
La charla permitió comprender que detrás de cada luminaria, cada Toro Candil y cada Tata Jehasa existe una historia mucho más profunda de lo que generalmente se conoce.
Las luminarias: una tradición que nace de la naturaleza
Entre las prácticas más emblemáticas se encuentran las luminarias.
Según explicó Bondar, estas se confeccionan utilizando elementos que ofrece la naturaleza durante esta época del año: naranjas pepú, grasa vacuna y pabilos elaborados con hilo o tela de algodón.
Al encenderse durante la noche, representan una tradición vinculada al fuego como símbolo de protección, iluminación y encuentro comunitario.

El Toro Candil: una herencia de la mezcla cultural
Otra de las expresiones más conocidas de la fiesta es el Toro Candil.
Su origen se remonta al período de evangelización impulsado por jesuitas y franciscanos durante la colonización española.
La figura del toro surge como resultado del contacto entre las culturas indígenas y las costumbres traídas desde Europa, convirtiéndose en un elemento festivo, lúdico y comunitario.
Para Bondar, este juego público funciona además como una preparación simbólica para uno de los momentos más importantes de la celebración: el Tata Jehasa.

Tata Jehasa: caminar sobre las brasas entre la fe y la tradición
El cruce de brasas, conocido localmente como Tata Jehasa, es posiblemente el ritual más impactante de la festividad.
La práctica se realiza únicamente durante el llamado «umbral», el instante exacto entre el 23 y el 24 de junio.
Según explicó el investigador, este momento es considerado especial porque simboliza el punto máximo de conexión espiritual con San Juan Bautista.
La tradición de caminar sobre brasas candentes tiene raíces que se remontan a la antigua África y fue incorporada a distintas manifestaciones religiosas alrededor del mundo.
En Ituzaingó, muchos fieles participan como cumplimiento de promesas o como acto de profunda fe.

Los secretos y rituales de la Noche de San Juan
La exposición también recordó prácticas populares que durante décadas formaron parte de las reuniones familiares.
Entre ellas se encontraban los rituales relacionados con el amor, el matrimonio y la descendencia:
- Papeles en el agua.
- Goteo de cera sobre recipientes.
- El anillo suspendido sobre un cabello.
- El cuchillo clavado en el banano.
- La tradicional «vicheada» en la esquina.
También existían prácticas vinculadas a la prosperidad económica, como las manchas de tinta sobre papel, las naranjas debajo de la cama o la búsqueda de la legendaria flor de la higuera.
¿Por qué el fuego es protagonista en San Juan?
La respuesta está mucho más allá de la religión.
Bondar explicó que las celebraciones tienen origen en el solsticio de invierno, un fenómeno astronómico que desde la Edad de Bronce generó temor y fascinación entre distintas civilizaciones.
Las noches más largas llevaron a que muchos pueblos utilizaran el fuego como símbolo de protección frente a la oscuridad.
La relación de San Juan y el fuego provienen de su nacimiento. Cuenta la historia que sus padres eran personas mayores, Zacarías y Santa Isabel, y como no habían podido tener hijos es anunciada la llegada del niño por el Arcángel Gabriel. En el momento del nacimiento el padre anuncia su llegada prendiendo fuego varias hogueras, así la buena nueva llegaba a distintas aldeas.

La sorprendente historia del cambio de patrono de Ituzaingó
Uno de los momentos más interesantes de la charla estuvo relacionado con la historia local.
Muchos desconocen que San Juan Bautista no fue siempre el patrono de Ituzaingó.
Según las Cartas Misioneras escritas por Rafael Hernández en 1883, la antigua capilla local estaba dedicada a la Inmaculada Concepción.
Tras un incendio ocurrido a fines del siglo XIX, las imágenes religiosas fueron rescatadas por vecinos y trasladadas a la estancia de Don Guillermo Aguirre, ubicada en el actual predio del Multiespacio San Juan Bautista.
Años después, con la construcción de la nueva capilla gracias al trabajo de la Sociedad Pro-Templo y las damas de beneficencia, se decidió adoptar oficialmente a San Juan Bautista como patrono de la ciudad.

El rescate de una tradición que estuvo a punto de perderse
Las festividades tradicionales fueron perdiendo fuerza durante la última dictadura militar y posteriormente durante el período de construcción de la represa Yacyretá.
Muchas prácticas sobrevivieron únicamente dentro de los hogares.
Recién en 2006 comenzó un importante proceso de recuperación cultural impulsado por el Dr. César Iván Bondar mediante el Proyecto de Puesta en Valor de la Memoria de Ituzaingó.
Gracias a este trabajo se logró rescatar, documentar e institucionalizar gran parte de las tradiciones que hoy forman parte de la Fiesta de San Juan.
Este año se cumplen dos décadas de aquel proceso de recuperación que permitió que nuevas generaciones conozcan y disfruten estas manifestaciones culturales.
Una organización que no estuvo a la altura del contenido
Más allá de la excelencia de la exposición y del enorme valor histórico del material presentado, resultó evidente que el contexto elegido para la charla no fue el más adecuado.
La temática abordada invitaba a la reflexión, al recuerdo y al encuentro íntimo con la historia de Ituzaingó.
Sin embargo, el desarrollo de la conferencia dentro del Multiespacio San Juan Bautista evidenció una organización precaria e improvisada.
Mientras el Dr. Bondar compartía detalles fundamentales sobre la memoria colectiva de la ciudad, en distintos momentos circulaban personas trasladando mercaderías hacia las cantinas ubicadas en el patio abierto del complejo, generando interrupciones y ruidos que atentaban contra la concentración del público.
Incluso podían escucharse murmullos y movimientos constantes en medio de la disertación.
Resulta inevitable preguntarse si una charla de semejante importancia no hubiera encontrado un ámbito mucho más apropiado en el salón de la Secretaría de Turismo u otro espacio cerrado que garantizara el respeto y la atención que merecía el tema.
Es una verdadera lástima que una exposición de tan alto nivel académico y cultural haya quedado parcialmente opacada por situaciones que podrían haberse evitado con una mejor planificación.
Porque cuando se habla de la historia de Ituzaingó, de sus raíces y de su identidad, el respeto por la memoria también se demuestra en la forma en que se organizan estos encuentros.

Una historia que sigue viva
La charla del Dr. César Iván Bondar dejó una enseñanza clara: las tradiciones de San Juan no son simples costumbres festivas.
Son fragmentos vivos de una historia que conecta a Ituzaingó con procesos culturales, religiosos y sociales que atraviesan siglos.
Conocerlas, comprenderlas y transmitirlas es una forma de preservar la identidad de una comunidad que sigue encontrando en sus raíces una razón para mirar hacia el futuro.
Y quizás ese sea el mayor desafío: no solo mantener vivas las tradiciones, sino también brindarles el espacio y el respeto que verdaderamente merecen.




















