Hay preguntas que incomodan, pero que necesitamos hacernos.
¿Estamos realmente cuidando a nuestros adultos mayores en ituzaingó Corrientes o, muchas veces, terminamos decidiendo por ellos?
La pregunta adquiere una dimensión especial en una ciudad como Ituzaingó, donde las personas mayores forman parte activa de la comunidad y donde existen espacios destinados a promover su bienestar, su participación y su autonomía.
La vejez no debería significar aislamiento, abandono ni pérdida de protagonismo. Tampoco debería convertirse en una etapa en la que otros decidan qué hacer, qué sentir o cómo vivir.
En Argentina, especialistas advierten sobre distintas formas de vulneración de derechos que muchas veces permanecen ocultas detrás de situaciones cotidianas: la sobreprotección, la infantilización, la falta de participación, el destrato, el abandono y hasta el abuso patrimonial.
Frente a esta realidad, la prevención, la actividad y el acompañamiento comunitario adquieren un valor fundamental.

Ituzaingó: espacios para mantenerse activo
En nuestra ciudad, la Dirección de Adultos Mayores, bajo la gestión de la señora Romina Acuña y dependiente de la Secretaría de Acción Social, desarrolla distintas actividades destinadas a que las personas mayores puedan ejercitar tanto el área cognitiva como la física.
Las propuestas se realizan en diferentes espacios de Ituzaingó, entre ellos el Club Social y el Polideportivo San Juan Bautista. Cuando las condiciones climáticas lo permiten, también se aprovechan espacios de la costanera.
La Dirección de Adultos Mayores funciona en la Municipalidad de Ituzaingó Corrientes, constituyéndose en un espacio desde el cual se busca acompañar a este sector de la comunidad.
Pero detrás de una actividad física, de un ejercicio de memoria o de un encuentro entre vecinos existe algo mucho más importante: la posibilidad de continuar participando, relacionándose y sintiéndose parte de la comunidad.
Y eso también es salud.
El maltrato que no siempre deja marcas visibles
Cuando hablamos de maltrato hacia las personas mayores, inmediatamente pensamos en golpes o agresiones físicas.
Sin embargo, los especialistas advierten que existen otras formas de violencia mucho más silenciosas.
Una de ellas es la sobreprotección.
Puede parecer contradictorio. ¿Cómo podría cuidar demasiado a alguien convertirse en una forma de maltrato?
La respuesta está en la autonomía.
Una persona mayor puede necesitar ayuda para movilizarse, realizar determinados trámites o llevar adelante algunas actividades cotidianas. Pero necesitar asistencia no significa perder el derecho a decidir sobre su propia vida.
La licenciada en Gerontología Graciela Spinelli advierte precisamente sobre esta situación: cuando se deja de consultar a una persona mayor, se ignoran sus opiniones o se decide permanentemente por ella bajo la idea de que “ya no está en condiciones de opinar”, se termina anulando su autonomía.
El problema no está solamente en lo que hacemos.
También puede estar en lo que dejamos de preguntar.
¿Qué quiere?
¿Con quién quiere estar?
¿Dónde quiere vivir?
¿Qué actividad quiere realizar?
¿Qué piensa?
Son preguntas sencillas, pero detrás de ellas existe un principio fundamental: reconocer que la persona mayor continúa siendo protagonista de su propia vida.

No es “viejito”: es una persona con derechos los adultos mayores
Otra de las formas de vulneración señaladas por los especialistas es el trato infantilizado.
Hablarle a una persona mayor como si fuera un niño, ignorar sus opiniones o decidir por ella sin consultarla puede terminar desvalorizando toda una historia de vida.
Los años no eliminan la dignidad.
Tampoco eliminan la capacidad de sentir, elegir, amar, aprender, trabajar, participar o simplemente disfrutar.
Por eso, una vejez digna no consiste solamente en tener atención médica.
También implica ser escuchado, respetado e incluido.
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, incorporada a la legislación argentina mediante la Ley 27.360, establece derechos vinculados con la igualdad, la salud integral, la independencia, la participación y una vida libre de violencia.
Entre ellos se encuentran el acceso a la atención médica, alimentación adecuada, vivienda digna, independencia, trato respetuoso, integración comunitaria y acceso a la justicia.
Cuando la actividad también es prevención
En este contexto, las actividades que se desarrollan en Ituzaingó adquieren una importancia que va mucho más allá de pasar un buen momento.
Ejercitar el cuerpo ayuda a mantener una vida activa.
Ejercitar la mente permite estimular capacidades cognitivas.
Pero compartir con otras personas también ayuda a combatir uno de los problemas que más preocupa a los especialistas: el aislamiento social.
Una persona que sale de su casa, participa de una actividad, conversa con otros, se mueve y encuentra un espacio donde sentirse incluida está construyendo vínculos.
Y los vínculos importan.
Por eso, los espacios de encuentro para adultos mayores pueden convertirse en herramientas de acompañamiento y prevención, especialmente cuando forman parte de una comunidad que entiende que envejecer no significa desaparecer de la vida social.

Las señales que una familia no debería ignorar
Detectar una situación de vulneración no siempre es sencillo.
Puede existir daño físico, psicológico o económico. También abandono, descuido o abuso patrimonial.
Algunas señales pueden aparecer cuando una persona mayor:
- Es constantemente aislada de familiares o amigos.
- No puede expresar libremente sus opiniones.
- Otros toman todas las decisiones por ella.
- Sufre gritos, insultos o humillaciones.
- No recibe adecuadamente alimentación, higiene o atención médica.
- Alguien utiliza o administra indebidamente su jubilación, ahorros o bienes.
- Es tratada permanentemente como si fuera una niña.
- Se encuentra privada de actividades o vínculos sin una razón justificada.
No todas estas situaciones significan necesariamente que exista un caso de violencia. Cada situación debe analizarse de manera particular y con cautela.
Pero hay algo que sí podemos hacer: no naturalizar aquello que nos genera preocupación.
¿Qué podemos hacer si sospechamos que existe maltrato?
Los especialistas recomiendan observar antes de sacar conclusiones.
No juzgar rápidamente una relación familiar ni intervenir de manera impulsiva resulta fundamental, porque cada historia tiene sus particularidades.
Pero observar no significa permanecer indiferente.
Si existe una situación que genera preocupación, es importante buscar orientación y recurrir a autoridades o profesionales competentes.
La información proporcionada para este artículo señala que ante situaciones de violencia pueden solicitarse mecanismos de ayuda o supervisión a través de organismos competentes y, cuando corresponda, recurrir a la Justicia, fiscalías o comisarías.
Cuando existe riesgo para la salud o la vida, la protección debe ser prioritaria.

Una ciudad también se mide por cómo trata a sus adultos mayores en Ituzaingó Corrientes
Hablar de adultos mayores no debería ser hablar únicamente de jubilaciones, medicamentos o enfermedades.
También debemos hablar de participación, recreación, vínculos, aprendizaje, actividad física y proyectos de vida.
Las personas mayores no son únicamente receptoras de cuidados.
Son vecinos.
Son padres y madres.
Son abuelos.
Son trabajadores jubilados y también personas que continúan desarrollando actividades.
Son quienes construyeron buena parte de la historia de nuestras familias y de nuestra ciudad.
Por eso, los espacios que promueven su participación tienen un valor social que merece ser reconocido.
En Ituzaingó, la Dirección de Adultos Mayores impulsa actividades cognitivas y físicas en espacios como el Club Social, el Polideportivo Juan Bautista y, cuando el clima lo permite, la costanera. Son propuestas que ponen en primer plano una idea sencilla pero poderosa: seguir activos también es una manera de seguir formando parte.
La pregunta que todos deberíamos hacernos
Hay una frase que resume buena parte de este debate:
¿Cómo nos gustaría ser tratados cuando lleguemos a esa edad?
La respuesta probablemente sea sencilla.
Queremos que nos escuchen.
Que respeten nuestras decisiones.
Que nos permitan continuar participando.
Que no nos traten como niños.
Que podamos mantener nuestros vínculos.
Que podamos recibir ayuda cuando la necesitemos sin perder nuestra autonomía.
Y, sobre todo, queremos seguir siendo reconocidos como personas.

Una reflexión para Ituzaingó
El envejecimiento no es un problema que le ocurre “a los otros”.
Es una etapa de la vida a la que, con suerte, todos llegaremos.
Por eso, construir una ciudad donde los adultos mayores puedan mantenerse activos, acompañados y respetados no es solamente una política social: es construir la comunidad en la que algún día nosotros mismos vamos a querer vivir.
Y quizás el primer paso sea mucho más sencillo de lo que imaginamos: escuchar, preguntar, acompañar y respetar.
Porque una vejez digna no comienza cuando una persona necesita ayuda.
Comienza mucho antes: cuando la sociedad entiende que una persona mayor nunca deja de tener derechos, deseos y voz.













